El Zen y los samuráis

“Dado que el budismo es de por sí una religión pacífica, puede resultar sorprendente que el Zen, en una de sus formas más importantes, ejerciese una enorme fuerza de atracción precisamente sobre los samuráis. Son fundamentalmente cuatro los aspectos que determinaron esta afinidad entre el Zen y los samuráis: no se trataba de una religión complicada ni escrita, sino práctica y, como tal, se aproximaba mucho a la mentalidad militar nada compleja de los samuráis; también la ventaja moral de no tener que mirar atrás una vez que una decisión había sido tomada casaba muy bien con los ideales guerreros; la meditación exigía una actitud ascética y estoica y pretendía forjar en los discípulos una voluntad de hierro, que alentaba en los guerreros el espíritu de lucha y los ayudaba a encarar la muerte al fomentar en ellos la indiferencia, propia del Zen, frente a la vida y la muerte; por otra parte, el estrecho lazo que se establecía entre maestro y discípulo determinó, en gran medida, la relación entre el señor feudal y sus vasallos.”
Seven Samurai (七人の侍)

Seven Samurai (七人の侍)

No estoy de acuerdo con todos los detalles de la explicación. Y en sentido contrario, líbreme Buda de idealizar el Japón medieval (por alguna razón, a todos los tontos les encanta la Edad Media). Lo único que quiero señalar es que eso que llaman “espiritualidad” y el espíritu guerrero no están reñidos, que una percepción más inmediata de la realidad no te obliga a una ética perroflauta, y que saber apreciar la belleza de los cerezos en flor no te impide cortarle el cuello al prójimo si este último se pone pesadito.
Ah, por cierto: los samuráis comían carne. Es verdad que el budismo, como otras tantas técnicas de meditación, hacen énfasis en restringir el consumo de carne, sobre todo de carne roja; algo no muy difícil para un chino o un japonés de aquellos tiempos. Pero el verdadero motivo de la prohibición no tenía que ver con la empatía malentendida hacia el pobre cerdito o ternerito. La carne roja contiene sustancias estimulantes, derivadas de la sangre, que interfieren con el objetivo de la meditación… al igual que, si se infla a comer lentejas o judías, los correspondientes gases le resultarán muy incómodos a la hora de sentarse en la posición del loto.
De manera que, a no ser que esté usted en un maratón intensivo de zazen, no hay problema alguno en que se zampe un jugoso filete de ternera o unas tiernas chuletitas de cordero para alegrarse el ánimo y darle vidilla a sus partes nobles.
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