Comer animales

Que el título de este libro refleja un dilema moral se puede comprobar si se piensa que todas las religiones incluyen indicaciones respecto a qué se puede comer y qué no. Por poner unos ejemplos, los hindúes son lacto-vegetarianos, mientras que los judíos kosher, entre otros alimentos, no pueden tomar cerdo y, por otro lado, los musulmanes exigen que el animal que van a comer haya sido sacrificado de una manera específica.

Estoy convencido de que, por regla general, no somos conscientes cuando comemos carne de que estamos comiendo algo que fue parte de un ser vivo no hace mucho tiempo. Y, cuando digo ser vivo, no lo digo como algo abstracto, sino como un animal que siente, sufre, tiene instintos y necesidades y que podía haber correspondido a cualquier ser humano que le hubiera tratado con cariño.

Simplemente vemos comida, que es algo que nos apetece, que necesitamos y que no hemos probado hace tiempo (sea ese tiempo una hora, medio día o, en el peor de los casos, días). Y, cuando lo probamos, está bueno e incluso muy bueno, y sentimos placer al saborearlo. Es más, aunque esté regular, o mal, la necesidad de comer es esencial para sobrevivir, así que no nos planteamos mucho el origen de la comida, sino que comemos. En esos momentos no hay ningún dilema moral, sino una necesidad vital de subsistir. Así que como para plantearnos ciertas cosas.

Puede que haya ciertas ocasiones en las que estamos aburridos, con las defensas mentales bajas, o, simplemente, que vemos la pata de jamón que vamos a empezar a cortar y, claro, está tan entera, recuerda tanto a la pata de un cerdo de verdad, de esos que hemos visto en la tele, que recordamos que fue un animal. En ese momento, para no cuestionarnos nada más de la cuenta, pensamos que fue un cerdo feliz, que disfrutó por el campo, que tuvo una vida larga, que le cuidaron para estar sano (al fin y al cabo, es para consumo humano), le dieron de comer sano (comiendo bellotas por la dehesa), hasta que le llegó su hora y aquí está, a punto de ser laminado a las manos de un experto cortador jamonero (aunque sea tu obeso pariente lejano). Es su finalidad. Es para lo que le hemos dado una buena vida, así que lo justo es comérselo. Además, está tan bueno.

En el libro de Jonathan Safron Foer, autor que no conocía antes de leer el libro, pero que tiene una cierta reputación con escritor de ficción, alguno de cuyos libros ha sido llevado a la gran pantalla (por ejemplo, “Todo está Iluminado” o la próxima “Tan fuerte tan cerca”, con actores como Tom Hanks o Sandra Bullock, y dirigida por Stephen Daldry), a lo que he descrito anteriormente se le denomina algo así como “el contrato social”, y es una de las justificaciones que las personas se dan a sí mismos para comer animales.

El problema es que si nos lo ponemos a pensar, no hay una gran justificación moral. Matamos a los animales y nos los comemos. Venimos haciendo esto desde que el hombre es hombre. Al fin y al cabo, también al ser humano se lo zampan algunos animales a la menor oportunidad. Por tanto, es una mera cuestión de supervivencia. Comes porque lo necesitas para sobrevivir. Y son animales porque son una buena fuente de sustento, por sus proteínas, hidratos de carbono, grasas, calorías, etc.

La única diferencia es que antes los hombres salían a cazar y, en grupo, aunque uno también sospecha que el más fuerte, ese que era el jefe y se llevaba a todas las hembras de calle, daba el golpe de gracia al animal y volvía al poblado con carne fresca, para que todos comieran. Ahora, sin embargo, tenemos mataderos, donde camiones hasta arriba de animales llegan todos los días y descargan su mercancía para, como en una cadena de montaje cualquiera, ir masacrando todas y cada una de esas vidas para convertirlas en comida inerte que podamos llevar a nuestros platos. Hemos convertido una actividad de supervivencia en una industria más de nuestra sociedad moderna. Y este aspecto de dar de comer, el hecho de que sea una industria, tiene una gran importancia en el libro de Foer.

Supongo que ser vegetariano es una cuestión de elección, pero tampoco muy especialmente razonada, sino que simplemente surge de un convencimiento interior. Se es vegetariano, o no se es. Y si no lo eres, lo que le pasa a la mayoría de las personas, asumes que hay que matar a esos animales cuya carne te vas a comer. De hecho, hasta se trata de un acto que, en ocasiones, tiene algo de acontecimiento social, como las matanzas en los pueblos.

Sólo recuerdo haber presenciado la muerte de un animal una vez, si no tenemos en cuenta las veces que hemos pisado hormigas, cazado lagartijas o matado cucarachas, claro. Y fue en el pueblo. Se trataba de sacrificar una oveja. La gente llevó al animal a una especie de establo que había y mientras uno preparaba el cuchillo, cuatro o cinco personas rodearon el animal y le sujetaron con fuerza.

Tan pronto sintió la oveja la presión de las personas y cómo una le levantaba la cabeza para dejar su cuello expuesto para el del cuchillo, el animal comenzó a pegar chillidos agudos que lo inundaban todo. Chillaba sin parar, cada vez más alto, mientras veía cómo se acercaba su verdugo. Y en cuanto sintió cómo le clavaba el cuello en su garganta y empezaba a cortar, si creías que antes estaba chillando con todas sus fuerzas, te dabas cuenta de lo equivocado que estabas. Trataba de mover las piernas, escaparse. No quería morir. Pero era inevitable. La sangre brotó y brotó, y, poco a poco, los chillidos pararon mientras el animal se quedaba sin aire y sin vida. Cuando empezaron con el tema de abrirla en canal y descuartizarla me dijeron que si me quería acercar, pero, simplemente, me di la vuelta y salí a la calle.

No fue agradable. Pero tampoco fue algo odioso. Simplemente pensé que me daba pena el animal, pero que era necesario. No me parecía que el que la había matado fuera alguien malvado. Alguien tenía que hacerlo. Y, desde luego, no fue una experiencia traumática, ni me hizo ser vegetariano. De hecho, ni se me pasó por la mente una idea así.

Cuando he conocido a algún vegetariano declarado, la verdad es que lo primero que he sentido es un cierto rechazo, supongo que por la idea primaria de que no es algo muy natural que digamos. También creo que he sentido curiosidad, pero, en esencia, mi impresión es que ser vegetariano es una de esas cosas raras que hace la gente rara.

El gran mérito del libro es que, en realidad, no va sobre las razones para ser vegetariano o no. Va sobre el trato a los animales. O, más bien, sobre la industria de la carne de animales.
Porque, volviendo a lo que decíamos antes, el matar animales y convertirlos en comida es una gran industria. Si te lo pones a pensar, es verdad que dar de comer a, ya, 7.000 millones de personas todos los días debe ser una tarea enorme. Y la mayoría de ellos comen, y quieren comer, animales. Y no sólo eso. Además, quieren que sea barato. Y esto último es muy importante. No entenderíamos que darnos de comer fuera cada vez más caro, y tener que renunciar a comer animales simplemente por un tema monetario.

Y es aquí donde el libro sigue el razonamiento lógico que lleva el planteamiento anterior: la gente quiere comer animales, y que sea barato. Y lo que cuenta es de una obviedad aplastante. Ni siquiera necesitas comprobar todos y cada uno de las cosas o datos que te cuenta, perfectamente documentados en 76 páginas de notas.

Así, ves sucederse razonamientos como el amontonamiento de animales en granjas industriales. Por ejemplo, el hecho de que el espacio medio que tiene un pollo a lo largo de su vida sea el equivalente a un folio. También está la manipulación ambiental para engañar a la naturaleza y lograr que la carne crezca lo más posible en el menor espacio de tiempo. La manipulación genética, que lleva a buscar especies animales que maximicen la cantidad de carne, a pesar de que pueda suponer deformaciones o incapacidad para ser un animal y vivir independientemente en el campo.

Como el hecho de que las deformaciones anteriores llevan a animales enfermos, que son tratados masivamente con antibióticos para que no mueran. De hecho, parte de la carne que comes son de animales enfermos en el momento de su muerte, pero, qué más da. Como algunos se vuelven locos por el confinamiento y, de ese modo, es práctica habitual amputar el pico a pollos y pavos, o cortar el rabo a cerdos.

Las sorprendentes estadísticas de la edad media de los animales se suman a la relación de hechos que se suceden a lo largo del libro junto con otras tan obvias como el de qué hacemos con la cantidad de mierda que producen tanto animales, lo que da lugar a lagunas enteras de excrementos, o a que los animales que vas a comer crecen confinados y amontonados sobre sus cagadas y pises. O, ¿cómo diablos alimentamos a tantos animales, si queremos que crezcan para que los podamos matar y comérnoslos? Y el hecho de que la mayor parte del maíz y otros alimentos que se produce se destina al ganado, y de que, por el hecho de que las granjas industriales necesitan energía, controlar la temperatura, grandes campos de cosechas para alimentar los animales e, incluso, el transporte hasta el matadero, que da igual que suponga grandes distancias y un nuevo amontonamiento de animales estresados que puede suponer incluso, en ocasiones, su muerte; todo lo anterior no hace sino que soportar la afirmación de que la industria alimenticia es la mayor contribuyente a la emisión de gases que conducen al cambio climático. Pero, claro, hay que comer carne.

Y rematamos con la descripción de cómo se lleva a cabo el sacrificio de los animales en los mataderos. Y, como en una película de terror, tenemos animales que están siendo descuartizados, o mejor dicho, procesados, mientras aún están vivos. Cómo los trabajadores de los mataderos, muchos de ellos trabajando en condiciones que muchos no podríamos ni soportar, matando un animal tras otro, terminan realizando actos crueles contra los animales, como quemarlos, cortarlos o torturarlos.

Todo lo anterior, y muchas otras cosas, se suceden a lo largo del libro para explicarnos cómo la industria de la carne, y también la de los peces (con detalles sobre las piscifactorías que se asimilan a cualquier granja industrial o la pesca masiva/intensiva, que no discrimina, y que masacra bancos enteros sin reparar en especies), provee de alimentos a la humanidad. Tal vez sea la única forma. Tal vez, simplemente, dado que nos da igual si para comer carne tenemos que matar animales, más igual nos va a dar cómo se cosechan y se sacrifican los animales. Mientras no seamos conscientes de ello, mientras no conozcamos el sufrimiento de los animales, mientras podamos ver la carne, no como algo que una vez fue un ser vivo, sino como un producto más, la industria tiene un gran margen para actuar del modo que le proporcione una rentabilidad mayor. Y, también, así podrá ofrecer la carne más barata para que podamos comprar medio kilo en lugar de un cuarto.

Cuando lees el libro piensas que es tan lógico lo que cuenta que te preguntas por qué no te lo habías imaginado. Y la respuesta es sencilla. Porque no has querido. Es preferible no pensar en ello. No darle vueltas a la idea de que cada filete que comes fue una vez un animal que nació, creció y murió. Por qué ibas a querer pensar en ello. ¿Acaso pretendes que se te indigeste la comida?

Pero el libro también cuenta con dos defectos. En primer lugar, es tremendamente local. Y describe la industria americana. Cuenta con todo lujo de detalles su comportamiento. Lo que, inevitablemente, te lleva a pensar si aquí también pasan estas cosas. ¿De verdad la pata de jamón serrano fue un cerdo que corrió libre y feliz por la Dehesa, comiendo bellotas sin parar, jugando con sus hermanos, tratando de aparearse hasta que le llegó su hora? ¿O en realidad ha crecido en una granja cerrada, en un espacio reducido, sin capacidad para relacionarse con sus congéneres, comiendo lo que ponían, engordando y, cuando entra en la pubertad, metido en un camión y sacrificado?

No tengo respuesta. Nos cuentan que han estado en contacto con la naturaleza. También que ha comido bellotas caídas del árbol o, igual, eso es lo que preferimos entender. En realidad, puede haber comido bellotas, sí, recogidas de los campos y servidas en su espacio, junto con antibióticos, para amortiguar sus dolores. No soy capaz de saber qué proporción de animales crecen como verdaderos animales (que los habrá, estoy seguro) y qué proporción son simplemente un producto recolectado. Lo que sí es verdad es que una vez me presentaron un proyecto de granja de pollos que tenía todas las técnicas de control ambiental que cuenta el libro con el fin de que crecieran rápidos, más gordos y pudieran ser sacrificados antes, lo que, indudablemente, suponía una rentabilidad mayor. Pero desconozco si la carne que estoy comiendo es la que se describe en el libro, o si es la que todos nos imaginamos. Desde un punto de vista mercantilista, cuesta creer que no sea así o que, al menos, no termine siendo así en el futuro.

El segundo pero del libro es su activismo, que resulta tremendamente molesto. Porque el autor toma claramente partido. No por el vegetarianismo, como era de esperar. Sino contra la carne obtenida a través de granjas industriales. Afirma poder entender, e incluso defiende, la carne producida a través de granjas tradicionales, de las que cuidan de los animales, con un granjero que sabe quién es cada uno de los que tiene, a pesar de la castración, del marcaje o similares técnicas tradicionales (y que también critica).

Pero no sólo los defiende, sino que incita a actuar de la misma manera. Y este activismo es excluyente, del que a la vez que defiende, ataca a los que no se comporten del modo que llega a concluir como ideal, o lógico. No se trata sólo de una obra de divulgación. Se trata de un manifiesto propagandístico con un toque de rechazo hacia los que, pese a conocer los datos, decidamos actuar de otra manera. Nunca me han gustado estas posiciones, puesto que adolecen de un cierto tufillo de intolerancia ya que, al fin y al cabo, rechaza de entrada a todo aquel que no comulgue con las ideas y posición de su autor.

El escritor del libro se enfrenta a un dilema frente al hecho de comer animales, que es una constante durante su infancia y juventud. Decide informarse para tomar una decisión. Comparte el resultado de esa investigación. Llega a una conclusión. Y trata de convencerte de que esa posición es la única lógica después de lo que ha expuesto. Todo está muy bien, y el trabajo divulgativo es impresionante, pero, como lector, me gustaría que me dejaran llegar a mis propias conclusiones y que tomara mis propias decisiones, sin que me traten de presionar con la opinión que resultaría si en lugar de actuar de una manera, actúo de otra.
Lo que nos lleva a la que supongo es la pregunta final. Una vez que he leído el libro, ¿he cambiado de vida? ¿Me he hecho vegetariano? ¿Me he apuntado a ONG activistas defensoras de los derechos de los animales?

La verdad es que sé que no voy a renunciar a comer animales. Entiendo que existen numerosas razones para no comerlos. Basta unos segundos para pararse a pensarlo, para encontrar motivos para no hacerlo. Y, quizás, esa es mi actitud. Si puedo escoger entre comer carne, o no hacerlo, va a haber más ocasiones que antes en las que tenderé a no hacerlo. Será una decisión razonada, no el seguimiento de un instinto.

Pero también habrá ocasiones en las que no las haga, bien porque no puedo elegir, por cortesía, por etiqueta, o, simplemente, porque en ese momento me apetece. Y no quiero sentirme culpable por hacerlo. Me alegra pensar que en una sociedad, y un país, con el nivel de desarrollo como aquel en el que vivo, las posibilidades de elegir y decidirme por comida vegetariana serán mayores. De hecho, estoy convencido de que comeré menos carne que antes.

Pero lo haré de vez en cuando. Es posible que hasta incluso algo de carne caiga todos los días. Así que los amigos de las posiciones maximalistas me dirán que eso no es ser vegetariano. Y tendrán razón. No lo seré. Comer, y comer animales, es un instinto que seguimos por una cuestión de supervivencia. La razón prevalece en ocasiones sobre los instintos. En otras, no. Me gustaría que cuando como carne, el animal que como haya tenido, al menos, una vida, y, ojalá, una vida feliz. Pero no podré estar seguro de que haya sido así. Y, aun así, comeré carne.

Me gusta pensar en que el gran avance de la humanidad es poder elegir. Y me sentiré mejor aquellas ocasiones en las que pueda, y quiera, elegir no comer animales. Pensaré que servirá para algo, aunque sólo sea para mí mismo. Pero no sucederá siempre. Y lo sentiré por los animales, cuyo sufrimiento imagino mejor gracias a este libro. Supongo que es frustrante pensar que son la parte débil de esta película. Y que no todas las películas pueden tener un final feliz.

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30 respuestas a Comer animales

  1. sarah dijo:

    Has elegido el día adecuado para ventilar este tipo de reflexiones. No he leído el libro (y no creo que lo lea). Pero he tenido acceso a algunos manifiestos de defensores tipo “Jaulas vacías” (Tom Regan, de culto en círculos veganos). Incluso fui vegetariana y buceé en esas corrientes. El tema da para muchas charlas de salón.

    Me quedo, como tú, con la reflexión de la procedencia de lo que uno ingiere, el respeto hacia esa vida que nos mantiene vivos y la capacidad de decidir si comemos o no, animales. Los extremos son… poco sensatos. Hay mucha evidencia científica que demuestra que nuestra especie debe ingerir cierta cantidad de proteína animal, mal que les pese a las hordas veganas; eso tampoco justifica ingerir un filetón diario de medio kilo, más queso, más chorizo, más panceta…

    Otro tema es el trato que se da a esos animales, que va ligado al precio final del filete o pescadito. Parece la relación es inversamente proporcional: a menos precio por kg de animal, más condiciones penosas de crecimiento y cría (y más cosificación del asunto, claro).

    Hay un documental que corre por círculos animalistas, “Earthlings” que muestra la realidad de las granjas y la producción en masa de comida. Probablemente sea tendencioso (está filmado bajo el punto de vista de los animal right advocate), pero no deja de mostrar una realidad que desaparece (si es que alguien reparó en ella) cuando vemos el sustancioso filete en el plato.

    En fin, me gusta pensar que hay frugalidad y respeto hacia lo que se ingere, incluso en Navidad, pero me temo que frugalidad y respecto son bienes escasos a todos los niveles de nuestra existencia.

  2. Ian dijo:

    Cabe otra posibilidad: que la pacificación de nuestras costumbres tenga mucho que ver con la división social del trabajo, con que ya no necesitamos matar el animal que nos vamos a comer. Yo mismo, en mi infancia, vi muchas veces la ceremonia de retorcerle el cuello a un pollo… a pesar de vivir en una ciudad grande. Cuarenta años más tarde, la posibilidad de comprar un animal vivo, llevártelo a casa y sacrificarlo tú mismo se considera un barbarismo sádico.

    Si esta relación fuese cierta (que es sólo una sospecha mía), las quejas sobre la masificación de las granjas serían quejas sobre la causa (o una de las causas) que nos hacen pensar de la manera que ahora pensamos. ¿Importaría algo? Sí, porque se trataría de un fenómeno de retroalimentación positiva. Y matemáticamente hablando, los sistemas con retroalimentación positiva terminan reventando u oscilando.

    • sarah dijo:

      Yo viví esa situación que describes de “comer lo que uno mata”, (mi padre mataba todo lo comestible que se le ponía por delante, para eso ha sido un auténtico cortijero andaluz). ¿Te imaginas yendo al súper, cada tarde al salir del trabajo, y trayéndote a casa al pollo o gallina o ternerito con el que vas a comer unos cuántos días? Esa pacificación de costumbres que mencionas tiene un punto de hipocresía (conozco a poca gente capaz de matar a priori para comer, aunque todo es tener la necesidad) y un punto que, por supuesto, tiene que ver con la división del trabajo: otro sujeto se encarga de la parte desagradable (la que me molesta más, hacer) y pago para que me tener una preocupación menos y un dilema moral, también, menos.
      En lo que me pierdo es en el fenómeno de retroalimentación positiva. ¿Cómo se aplica esta teoría a la situación que describes? (disculpas por la pregunta estúpida, pero no logro comprenderlo).

  3. Daiana dijo:

    Me parecio muy buena esta nota! Te cuento que soy vegana hace poco, vegetariana hace 3 años y la verdad que a mi no me gustan las etiquetas. Sin embargo elijo una forma de vivir que concuerda con las caracteristicas del veganismo. Realmente senti, muy sinceramente, en un momento que no estaba siendo coherente entre lo que realmente sentia por los animales y el medio ambiente (en esto incluyo a los seres humanos) con mi accionar, y asi simplemente decidi ser yo profundamente, porque la carne no me causa rechazo ni nada por el estilo, al contrario es rica, pero abrir los ojos y ver, ver las consecuencias de lo que esta industria produce y no tomar una posicion frente a eso, una posicion que signifique un cambio, algo mejor para nosotros mismos para los que vienen en el futuro, tan solo por un placer, costumbre, fiaca de hacer un pequeño ejercicio, me parece egoista y cobarde y con esto no quiero ofender, simplemente quiero mostrar que tenemos herramientas para un mundo mejor, si las tenemos delante de los ojos y no las utilizamos, estamos tomando una desicion importante, no es solo “como carne cuando tengo ganas”, que lo respeto, pero esta accion tiene consecuencias, y no es sentir culpa o no (que es extraño que alguien aclare que no quiere sentir culpa, observo entonces que si la sentis, y no esta mal sentirla porque la culpa que sentis esta basada en la realidad, no es como una culpa catolica, es la realidad que te golpea y grita que tomes una desicion), sino saber que uno esta, en el fondo de su ser, de su conciencia, haciendo lo correcto (se entiende que es una desicion profunda de uno, no correcto como algo dictaminado desde afuera). Estamos en una situacion de emergencia mundial, de hambruna (mientras niños se mueren de hambre la industria ganadera se llena de plata) , de contaminacion, calentamiento global, deforestacion (una cuarto del territorio mundial esta a manos de la industria ganadera y esto no para), desigualdad social, violencia,etc, la verdad no quiero ser complice de todo eso, quiero que el mundo tome conciencia y actue en consecuencia. El veganismo o vegetarianismo es considerado extremo, (no lo considero asi), y en todo caso, no estamos en una situacion de emergencia mundial extrema???

    • hduque dijo:

      Gracias por el comentario. Me ha parecido muy interesante…

      Soy consciente de que “como carne cuando tengo ganas” es una postura fácilmente criticable. Entre otras cosas, es cómoda, incongruente, y, hasta cierto punto, escasamente comprometida. Sin embargo, he tratado de ser totalmente honesto conmigo mismo, y buscar una forma de comportamiento que me sirva, en el que, es verdad, la culpa tiene bastante que ver…

      Tiendo a pensar que hay dos tipos de motivaciones para los comportamientos. Por un lado, están aquellos instintivos, irracionales y basados en los sentimientos o sensaciones. Por ejemplo, hay una fruta que no puedo comer: son las peras. Todo se basa en una experiencia infantil en la que mi abuela me dio a probar una, y, aunque me entraron ganas de vomitar por la pinta tan asquerosa que tenía aquella en particular, me la tuve que comer porque ella insistía. Lo mismo me pasa con los higos y conozco muchas personas que tienen manías alimentarias similares. Son decisiones fáciles, e irracionales, pero, probablemente, el hecho de que estén basadas en los instintos o experiencias de las personas las hace tan firmes que no se quebrarán jamás.

      Y luego están las decisiones racionales, que son más difíciles, porque, entre otras cosas, generalmente suelen ir contra instintos primarios, gustos personales e, incluso, hábitos adquiridos que hay que modificar porque es a lo que incita la razón.

      En estos casos, creo que la única forma de cambiar a un hábito moralmente superior es la práctica. El insistir en la razón de hacerlo y en ir probando poco a poco. Por eso, si en un determinado momento decido no tomar carne, habré optado por un acto mejor y será un éxito. Sin embargo, si decido ser vegetariano, y un día me salto la dieta, será un fracaso. Y de ahí la culpa…

      Además, esta culpa tiende a buscar razones que justifiquen que no ha sido un acto moralmente erróneo y logra argumentos para invalidar que dicho comportamiento, ser vegetariano, sea un ideal a alcanzar. Hasta el punto de que puedes escudarte en ellos y olvidarte por completo de intentar serlo.

      De este modo, decidiendo en cada ocasión particular, la motivación se mantiene y, quizás, empezaré no comiendo carne ocasionalmente; después, habitualmente y, tal vez, llegará a ser a menudo y casi siempre. Quizás no. Pero cada decisión única habrá valido. Y aunque no sea siempre, con solo una vez que decida no comer carne, espero que signifique un cambio. Aunque sólo sea porque no hay que matar otro animal para reponer el que no me he querido comer. Y si, al final, han sido cientos de veces, espero que signifique más…

      ¡Feliz año 2012 a todos!

      • sarah dijo:

        ¿No lo complicas mucho? hay formas de alimentarse, sencillas, sanas, coherentes con nuestra herencia genética, incluso respetuosas con el resto del planeta. Ya comenté en este foro que he sido vegetariana y estuve a punto de pasarme al veganismo por cuestiones ideológicas. Al final, la sensatez y aquella sentencia de “vive y deja vivir” (en la medida de lo posible) pudieron con mi s aperentemente buenas intenciones (no tengo claro que lo fueran tanto).

        Algún día he de narrar las experiencias que mi postura generó, entre carnívoros y veganos. Me llovieron collejas por ambos lados. Y mi verdad no anda entre bandos.

        Sin embargo, respeto a quien tiene esas convicciones y es coherente (te encontrarás a pocos), pero también respeto a quien decide comer carne.

        La biología nos dice que ciertos componentes que necesitamos, son necesariamente de origen animal. Algunos vegetarianos me han negado este hecho, pero hay evidencia científica sobrada y probada. A partir de aquí, que cada uno haga lo que tenga que hacer.

        Lo más importante de todas nuestras cuitas biológico-morales es la presencia o ausencia de respeto. Ya que consumimos vida (animal o vegetal), ¿hacemos honor a ella haciendo que nuestra vida tenga sentido?

  4. temístocles dijo:

    Bah, mucha palabrería. Yo lo resumo todo en: “el que no come jamón (serrano, por supuesto), no es un hombre”.

  5. Marga dijo:

    Me olvidé de un pequeño detalle: ¿la hombría se mide ahora por la cantidad de proteína animal ingerida? yo pensé que el patrón estaba en otras cosas…

    • Ian dijo:

      Bueno, si tienes bajo el nivel de B12, bajo el nivel de creatina en las células cerebrales (kreas: carne en griego), y tu perfil de aminoácidos está jodido, es difícil que funcione bien la parte física del patrón que está “en otras cosas”. Y respecto a la parte mental de ese patrón, ya sabes lo que decían los romanos: mens sana in corpore sano.

      Por cierto, a las veganas les recomiendan que interrumpan su dieta durante el embarazo. La dieta vegana provoca carencias de aminoácidos que, a su vez, provoca malformaciones genitales en los fetos masculinos. Mira el caso de la prota de “The Forest” (contagiada de veganismo por el pirado de Joaquín Phoenix).

      Incluso una dieta de restricción calórica equilibrada tiene que llevarse con mucho cuidado si no quieres que se te “apague” el sistema reproductor.

      • sarah dijo:

        Cuando se recomienda interrumpir una dieta ante un hecho biológico tan “natural” es que la dieta cojea. Por eso no me acaban de gustar ni el veganismo ni las relacionadas con la teoria de la Calorie Restriction.

  6. temístocles dijo:

    Me refería a “hombre” en el sentido de “ser humano”, pero bueno.
    Al cerdo, mucho respeto, que aunque los judíos y los musulmanes no lo quieran ni ver, para mí es el Imperator de todos lo animales.

  7. Ian dijo:

    Lo interesante de estos “movimientos morales” (y me refiero al veganismo “moral”, en concreto) es que no son nuevos para nada. Los jainistas de la antigua India ya cayeron en esta trampa memética, unos 500 o 600 años antes de Jesucristo, y mira qué “bien” les ha ido desde entonces, barriendo el suelo delante de ellos para no pisar sus propios piojos.

  8. samuel dijo:

    Yo me adentre una temporada en el vegetarianismo por ver si mejoraba mis problemas de salud, y el problema es que es muy facil lanzarse en brazos de los carbohidratos altos, mucho mas cocinables, patatas, arroz, pasta metida en todo, trigo, maiz, pan por todos los lados y a todas horas, bolas de matza, ensaladas con pasta o arroz, y cosas que te dan mucho mas calor sin complicarte la vida ni abonarte a las ensaladas verdes o convertirte en un chef, pero que acabas entendiendo que engordan y deterioran mucho mas que la carne de res asada o el pescado o las aves. Me di cuenta a tiempo. Por filosofia, tal vez, pero por salud o vida sana, no le veo ninguna ventaja.

    • sarah dijo:

      Samuel, a mí me ocurrió algo similar. Las ideas son una cosa y la biología, otra. Nutricionalmente, la dieta ovolactovegetariana no fue buena para mí. Me fue mejor la “Paleo”, en la que sí hay proteína de origen animal. Yo tengo un compromiso moral con ello (¿qué le vamos a hacer?, cada uno tiene sus pajas mentales personales), pero he vuelto a comer pescado y algo de carne sin hacer de ello el eje central de mi vida alimentaria (sigo siendo una insaciable devoradora de verdurs, ensaladas, frutas y nueces). La moderación podría ser la solución de consenso en este asunto. De todos modos, que no nos “vendan cuentos”: el homo sapiens puede seguir una dieta “ovolacto”, incluso una vegana, pero… también tendrá que afrontar las consecuencias.

      Saludos, Samuel, hacía muchísimo que no sabía de ti :)

  9. Samuel dijo:

    Exacto Sarah, la hoja verde y la fruta combinada con proteina animal, simplificando, eso si funciona, te deja con la impresion de comer, y de quemar. Con lo otro uno acaba, mira, busco en Google un momento, recetas vegetarianas, leo: pan con hierbas, ensalada de pasta, arroz con pina, patatas con ensalada, ensalada de patatas con salchichon vegetal, ojo al dato con lo del salchichon. Las demas sopas y legumbres, pues eso, para estar todo el dia en la cocina y en la ruta de las especias. Moderacion, y sobre todo, que sepa uno lo que tiene entre manos, sea lo que sea.
    : ) Un abrazo para ti Sarah, un gusto volver a charlar, y saludos a todos

  10. Yamil dijo:

    Para dejar en claro:

    1) “Comer, y comer animales, es un instinto que seguimos por una cuestión de supervivencia.”

    Comer carne no es un instinto, si le dan a un bebe un conejo y una manzana se puede evidenciar claramente q no se come al conejo y juega con la manzana, todo lo contrario, aún si tuviéramos ese supuesto “instinto”, no es una justificación racional para asesinar a nadie, esto no es una forma de argumentación.

    No necesitamos comer animales ni sus derivados para sobrevivir, decir que se trata de una cuestión de supervivencia es mentira.

    “Me gustaría que cuando como carne, el animal que como haya tenido, al menos, una vida, y, ojalá, una vida feliz.”

    No se que entenderás por felicidad, pero claramente no se relaciona con ser violado, confinado a el encierro, oscuridad, malas condiciones de higiéne, enfermedades, tortura, y muerte de las formas mas crueles (desangrado en vivo por ejemplo).

    “Me gusta pensar en que el gran avance de la humanidad es poder elegir. Y me sentiré mejor aquellas ocasiones en las que pueda, y quiera, elegir no comer animales.”

    Esta es una postura totalmente egoísta, hablas de tu capacidad de elección pero jamás mencionas de la capacidad de elección de los animales que te comes. Los cosificas negandoles cualquier posibilidad de decisión. Partís de la idea de que tu placer vale mas que su vida y sufrimiento. Espero que esto no te haga sentir bien y modifiques tu forma de pensar y sobre todo tus hábitos.

    “Los extremos son… poco sensatos.”

    No explotar a ningún animal, sabiendo que es totalmente innecesario ¿es ser extremista? Acaso matarlos, explotarlos, torturarlos, en todas las etapas de su miserable vida de encierro solo por el placer de ponerlos en tu boca… ¿eso como se llama?

    “Hay mucha evidencia científica que demuestra que nuestra especie debe ingerir cierta cantidad de proteína animal”

    Me gustaría saber a cual evidencia científica te referis… Acá te dejo alguna por si todavía tenes dudas:

    La Asociación Americana de Dietética, es la mayor organización estadounidense de profesionales de alimentos y nutrición, con cerca de 67.000 miembros. Aproximadamente el 75% de los miembros de esta Asociación son dietistas registrados y cerca del 4% son técnicos dietistas registrados. El resto incluye investigadores, educadores, estudiantes, profesionales dietéticos en los campos clínicos y de comunidades, especialistas y gerentes de servicios y prestaciones de Alimentos.

    La Asociación de Dietistas del Canadá es la asociación nacional profesional de dietistas, lo que representa casi 6.000 miembros a nivel local, provincial y nacional. Es una de las mayores organizaciones de profesionales de la dietética en el mundo.

    La postura de la Asociación Americana de Dietética y de la Asociación de Dietistas del Canadá es que las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas, y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades. Son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para deportistas.

    http://www.eatright.org/about/content.aspx?id=8357

    El informe The China Study dirigido por el Dr. T. Colin Campbell, PhD, profesor emérito de bioquímica nutricional de la Universidad de Cornell de los Estados Unidos de América e investigador del MIT, realizado por la Universidad de Cornell de Estados Unidos de América, la Universidad de Oxford del Reino Unido y la Academia China de Medicina Preventiva, corresponde al estudio sobre grandes poblaciones chinas, de 20 años de duración, y concluye que la dieta de predominio vegano, o incluso totalmente vegana, es la mejor para la salud.

    “un hecho biológico tan “natural””

    Claro, ¿también es natural que los negros sean esclavos y que los judíos sean de una raza inferior?. ¿Hasta donde pretenden justificar sus hábitos de crueldad, ignorancia y egoísmo? Recurriendo a las falacias argumentativas mas reconditas que jamás podrían existir.

    Espero que puedan reflexionar acerca de lo que están diciendo, saludos !

    • Ian dijo:

      Yamil: no seas gilipollas. El niño no se come al conejo porque el conejo no es tan imbécil como para dejarse coger.

    • Ian dijo:

      … y sobre la “evidencia científica”: primero, busca información en páginas que no sean veganas. Los veganos se han convertido en una secta dañina y decadente, cuyo primer objetivo es engañarse a sí mismos y al resto de los humanos en aras de una falsa y absurda “superioridad moral”.

      En cuanto busques estudios científicos de verdad (como el que enlazo arriba sobre IQ y consumo de creatina), verás que las supuestas ventajas del veganismo se convierten en todo lo contrario. En la India, un país con una gran proporción de veganos, la esperanza de vida de un varón no llega a los 60 años (a pesar de yogas, de good vibrations y de todas esas mariconadas). Estados Unidos, por el contrario, tiene una esperanza de vida muy superior… y la gente se harta de comer carne.

      • Luis Fernando Buelvas dijo:

        Bueno chicos, llevo un mes en que me dí la opotunidad de iniciar una dieta vegetariana, me he sentido muy bien con ella, los cambios dados adiconalmente a la pérdida de peso han sido el disfrutar de un sueño reparador pues roncaba, mejora en la actividad sexual, etc. No he iniciado este tipo de dieta por asuntos filosóficos ni nada por el estilo, es simplemente para sentirme físicamente mejor. Lo que he observado en quienes consumen carne es la ventaja de obtener en una pequeña ración todos los aminoacidos esenciales, cosa que se puede hacer para los vegetarianos con una adecuada mezcla de leguminosas y cereales. Un punto de discusion está relacionada con la vitamina B12 que es menor y que requiere el consumirla atraves de complementos, pero la carencia de vitamina B12 está relacionada con la forma de producción agricola moderna, muchas regiones en el mundo no tienen este problema donde las formas de producción no están industrailzadas. También comentarles que hay deportistas de alto rendimiento y fisicoculturistas que son vegetarianos.

        Sobre el asunto de la India en el que la esperanza de vida es tan baja no es por la dieta sino por las condiciones de educacion, salubridad, asistencia médica y una pobreza extrema, comer vegetariano puede ser en algunos casos más barato pero tampoco es gratis.

        La esperanza de vida en Estados Unidos es alta por la razón contraria: altas condiciones de asistencia médica y mejores condiciones económicas, sin embargo la esperanza de vida sería mayor si no exageraran la ingesta de carne que es una de
        las razones del alto indice de obesidad.

    • Ian dijo:

      Pues me alegro por ti, Luis. Es una razón muy respetable: sentirse mejor. A unos, según su genética, les van mejor algunas dietas que otras. Lo que me niego a aceptar es, precisamente, razones “filosóficas”, o “humanitarias”, o “éticas”… no por lo que impliquen para la persona en sí que las pone en práctica, sino porque inevitablemente conducen a l intolerancia y a la pretensión de que los demás pasemos también por el aro.

      En tu caso, por ejemplo, no creo que te suponga un “dilema moral” complementar la dieta con B12 y algún poquillo de aminoácidos cada cuando en cuando. Está comprobado, por ejemplo, que suplementar una dieta normal con aminoácidos de cadena ramificada (los famosos BCAA de los culturistas) es bueno para el corazón (que en definitiva, es un músculo más).

    • Ian dijo:

      … de todos modos, hablar en general sobre la salud en EE.UU. tiene su peligro: es una población muy diversa, genéticamente hablando. Está de moda pensar que las diferencias genéticas entre humanos sólo existen a nivel personal, y que no existen diferencias entre razas, etnias, grupos o como quieran llamarlo. El problema, por ejemplo, de la gente con ascendentes africanos o amerindios es que no toleran muy bien alimentos que los descendientes de europeos o asiáticos toman sin problemas. El más claro ejemplo es el alcohol, pero en general, todos los productos derivados de la agricultura de cereales. Este es un libro muy interesante, que trata sobre estos temas: The 10.000 Year Explosion: How Civilization Accelerated Human Evolution.

  11. Jonathan dijo:

    que enorme zarta de boludeces ._. como se nota que no podes ver las cosas desde mas de una perspectiva, y si decis que es natural deberias saber que el hombre en sus inicios era frutivero y por la era glacial no tubo otra que alimentarse de animales, estoy tan cansando de los habladores como vos que le llenan la cabeza a la gente con la misma basofia que en la television, fomentando las masacres, la destruccion de la tierra y dle propio organismo, informate un poco antes de hablar boludeces -.-‘

    • Ian dijo:

      ¡Oh, qué bien! ¡Tenemos de visita a un sacerdote de la Pachamama! Es una lástima que escriba en quechua o aymará, porque chiquillo, no se te entiende nada. ¿Zarta? Eso no es español. ¿Frutivero? ¿Será así como se dice “frugívoro” en mapudungún? Y no, en la era glacial no había “tubos” ni otras baZofias.

      … o a lo mejor es que tu dieta de mariquita vegetariano no te da el suficiente aporte de creatina que necesita el cerebro. Yo primero me ocuparía de esa ortografía, y sólo después pensaría en salvar el mundo.

  12. Jonathan dijo:

    y como base el zen y el tao implican una armonia con la naturaleza hablador pelele -.-‘

  13. Ian dijo:

    … y de todas las imbecilidades veganas que he tenido que soportar en estos comentarios, esta es la peor:

    “Son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia…”

    Si cuatro gilipollas quieren matarse a base de bien, ya sea por supersticiones sobre su propia salud o por supersticiones sobre el alma de los animales (es curioso que estos mismos veganos suelen ser partidarios abiertos del aborto sin límite: tanto amor a la “naturaleza” es en realidad odio al género humano), por mí estupendo. Mientras no intenten legislar en contra de quienes nos alimentamos normalmente, por supuesto.

    Pero cuando los experimentos no se hacen con gaseosa, sino que meten a niños en estas mierdas, ya me pongo de los nervios. Hace pocos meses, en Francia, condenaron a unos padres veganos por la muerte de su hijo de pocos años. La selección natural se llevo al chiquillo al otro barrio. Cosas de las sectas…

  14. Ian dijo:

    Y esta gilipollez:

    “Claro, ¿también es natural que los negros sean esclavos y que los judíos sean de una raza inferior?. ¿Hasta donde pretenden justificar sus hábitos de crueldad, ignorancia y egoísmo?”

    no sólo es un ejemplo flagrante de la llamada Ley de Godwin, sino que es una falta de respeto a los seis millones de judíos asesinados por los nazis (al poner a un cerdo y a un ser humano en la misma escala moral), y una muestra más de que para estos cabrones la especie humana es simplemente el blanco de un odio que les sirve para sentirse moralmente superiores y encontrar justificación a sus sucias y famélicas vidas.

    (aparte de estar insultando directamente al autor del post y a los comentaristas del blog, y de alejar y disuadir a quien desde la moderación quiera plantearse un cambio de hábitos en su alimentación personal)

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