Tom Knox y la decadencia de Occidente

Nec deus intersit, nisi dignus vindice nodus.
Horacio, Ars Poetica

Los atribulados fans de Michael Peinkofer estarán de enhorabuena, porque acabo de descubrir un escritor aún peor. Se trata de alguien que firma ahora sus novelas como Tom Knox… aunque dejando entrever que se trata del afamado novelista inglés Sean Thomas. Es comprensible, de todos modos, que el autor haya renunciado a su propio nombre.  Como “Sean Thomas”, se ganó el Bad Sex in Fiction Award del 2000, el premio a la peor descripción del fornicio en novela o cuento. No me atrevo a copiar el fragmento que le mereció el premio, porque esta gente mala aunque famosa, suele tener unos abogados grandes, gordos y despiadados. Este artículo de The Guardian contiene el fragmento de marras:

El libro que ha provocado esta reseña se llama Las Marcas de Caín, y lo compré porque se anunciaba como una novela sobre los agotes, o cagots. Los agotes habitaban, al menos desde la Edad Media, un área muy similar a la de los vascos, repartidos entre Francia y España. Nadie sabe si eran realmente un grupo étnico o un gremio caído en desgracia. Tema interesante, ¿no?

Pues Tommy sólo consigue una peli escrita más sobre nazis en la Mesopotamia. ¿Se ha preguntado alguna vez porque hay tantas novelas baratas sobre nazis y, en el caso español, sobre la guerra civil? Muy sencillo: nuestra sociedad está tan feminizada que somos incapaces de retorcerle el cuello a un pollo incluso si tenemos hambre y no hay nada más para comer. ¿Para qué? De eso ya se ocupa alguien: el carnicero, o el matadero, o quien quiera se dedique a retorcer el cuello de los pollos que, inevitablemente, nos tenemos que zampar. Este conjunto de “valores” deslavazados nos hace decir chorradas como ninguna guerra es justa. Supongo que esto incluye a la Segunda Guerra Mundial… no, espera: los nazis eran especialmente malos, inhumanamente malos, extragalácticamente malos, y con esta categoría de extramalos (que no incluye a Atila, Genghis Khan o al expansionismo soviético) está bien arrear algunas hostias. En pocas palabras, si eres uno de esos escritores de médula más bien blandita y quieres escribir un thriller en el que se repartan leches, tienes que buscar un “malo” que se lo merezca. En el extranjero, el malo termina siendo un nazi. Aquí somos más garbanceros y nos conformamos con la guerra civil.

(y eso no quita que los nazis, en efecto, hayan sido unos hideputas redomados)

En el bodrio de Knox hay nazis muy malos, y un terrorista vasco también muy malo que incluso come carne humana, pero que hace lo que hace porque, en realidad, no es vasco sino el penúltimo de los agotes (así se queda bien con todo el mundo, porque creo que ya no quedan agotes por ahí). Estos nazis supermalos, ¡descubrieron el ADN durante la Segunda Guerra Mundial! Lo que significa:

  1. Que Tom Knox no tiene ni zorra idea sobre Biología Molecular.
  2. Que a Tom Knox se la trae completamente floja el punto anterior.
  3. Por otra parte, ¿qué narices significa “descubrir el ADN”? ¿Se refiere al descubrimiento de la estructura helicoidal, o al descubrimiento del código genético? Bueno, qué más da: a Knox se la suda.
  4. En realidad, esto es lo que se llama un descarado deus ex machina. ¿Que se me ha complicado un argumento? Bueno, hacemos que Winston Churchill sea pariente lejano de Mahatma Gandhi, que los sumerios inventen la electricidad o que los delfines decidan irse a otro planeta. En algunos casos, el recurso incluso tiene gracia. Knox no tiene ninguna.

Por otra parte, no espere una gran prosa de un tipo que ha ganado el Bad Sex in Fiction Award. El protagonista conoce a la que va a ser su chica, y a los cinco minutos, el terrorista vasco se la folla (malamente) en su presencia. El terrorista vasco va repartiendo pseudo frases en euskera… que parecen sacadas de un refranero vasco. Esto es lo mismo que tener un personaje americano en una novela española, profiriendo cada pocos párrafos reflexiones como “another one bites the dust” o “mamma mia, let me go”.

El prota es un pedorro blandengue llamado David Martínez, que se pasa la novela creyendo que es un agote, y que al final resulta ser tan vasco como Eskubi Du. El tipo se lleva a la chica, la misma que se ha beneficiado consentidamente el terrorista, y además la deja preñada (¿no es un poco infantil?). Eso sí, David no pega una triste bofetada en provecho propio. Siempre son otros quienes se encargan de usar la violencia por él (¡la división social del trabajo!). Ah, e incluso sale el homosexual que manda la cuota, que para ahorrar en reparto, está enrollado con un subsahariano homosexual (lo queman vivo con gasolina). El mariquita que sobrevive es escocés, por cierto. En las pelis americanas de terror, siempre matan primero al negro.

En pocas palabras: imagine que Michael Peinkofer es Joaquín Sabina. Pues bien, en tal caso Tom Knox sería Melendi. Hay que saber distinguir entre lo malo, lo peor y lo puto peor. Queda advertido…

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3 respuestas a Tom Knox y la decadencia de Occidente

  1. Ian dijo:

    La referencia a Atila no era broma: hace poco vi que pasaban en Antena 3 (¿dónde si no?) una peli en la que Atila era un tipo cachas y guapetón (el original asustaba hasta a los osos), que luchaba contra el imperialismo romano para vengar la muerte de su familia.

  2. Neladdam dijo:

    No podria estar más de acuerdo con tu crítica sobre Tom Knox. El tio es ingles verdad? Ya podria tomar ejemplo de Shakespeare y aprender de verdad a crear suspense o intriga. No entiendo siquiera como han dejado que semejante libro se publicara y si no recuerdo mal en la portada lo anunciaban como best-seller. Que por cierto, nos intentan engañar añadiendo el titulo de best-seller como si esos libros ( no todos) fuesen la quinta maravilla. y lo peor: lo consiguen. Porque, ” Las Marcas de Cain” sonrie triunfante desde mi estanteria, pero creo que ha llegado la hora de saldar cuentas.

    • Ian dijo:

      Efectivamente: inglés de nacimiento, pero en alguna parte (creo que la wiki) decía que se había hecho americano. Veo que en su propia página dice que vive en Londres.

      La verdad es que fui un poco tonto: ya había comprado El Secreto del Génesis. Igual situación: un argumento prometedor, y unos resultados desastrosos. Y una obsesión parecida con el canibalismo y esas cosas. A Tommy le debe poner el “cerdo largo” (el “long pikki pikki” de las islas del Pacífico).

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